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lunes, 18 de agosto de 2014

Voces en el patio

A la una y cuarto de la madrugada,
La temperatura puede rondar,
Aproximadamente,
Los 23 o los 25 grados de temperatura.

El problema es la falta de viento.

Ni una pequeña brisa que nos permita dormir tranquilos.

Y debido a este bochorno,
Las ventanas permanecen abiertas
De par en par
Esperando el milagro.

Y se oyen todo tipo
De conversaciones

Eso me permite conocer algo más
A mis desconocidos vecinos.

Los mismos que sólo te saludan en el portal.

Fuera, una extraña niebla se apodera de sus recuerdos y,
Narcotizados,
Se les olvida que convives con ellos.

Una lástima.

Especialmente, por la guapa enfermera de arriba del todo
Y ese aroma a sueños silvestres
Que baja y se cuela en tu casa.

Para arroparte.

No por el resto.

No me interesan.

Salvo mi vecino de enfrente.

Un rudo exmilitar,
Divorciado,
Que mantiene largas conversaciones,
Consigo mismo.

Y que todos oimos.

Mi mujer piensa
que se está volviendo loco.

¡Loco!

¡Loco!

Y la única diferencia entre él y yo,
Creo,
Estriba en la necesidad
Que yo tengo
De ponerlo por escrito.

Y así, no acabar llamando al timbre
A estas horas
Para pedirme que entre y le ayude.

domingo, 10 de agosto de 2014

King Kong ha muerto por segunda vez

Otra noche de agosto sin dormir.

Este domingo de madrugada pasado,
Entre las dos y las ocho,
El calor sofocante ha provocado
Que todo un ejército de mosquitos
Haya entrado en la habitación
Y saciara su sed de sangre conmigo.

Con unas defensas obsoletas,
Han decidido atacarme en sucesivas oleadas,
Lanzándose contra mi cuerpo
Con la misma determinación que un piloto kamikaze.

Y por Dios que lo han logrado.

He agitado los brazos inútilmente, 
En plena oscuridad de la noche,
A diestro y siniestro,
Y me he sentido tan torpe y furioso como King Kong  
Encaramado
Al Empire State Building.

Rodeado de tanto hijo de puta.

Tengo sus zumbidos tan metidos
En la cabeza
Que no puedo dejar de oírlos.

Incluso, ahora.
Que la guerra ha terminado.

Y no puedo dejar de pensar
En todos aquellos
Que han pasado por experiencias semejantes:

Asesinos, policías, soldados...
Todos aquellos que han visto el terror en sus ojos,
En sus oídos...

Y lo llevan consigo hasta el fin de sus días.

Y de vez en cuando les despierta,
en noches como ésta,
bajo la forma de insectos molestos
que no paran de recordárselo.

Entonces buscan una explicación lógica
y se dicen a sí mismos
que han debido ser los mosquitos...

Y vuelven a cerrar los ojos
y ahí está otra vez.

Lo que les queda de bondad
Luchando por sobrevivir,
Desde lo más alto.

Hasta que, al final,
Cae.

Cae al vacío.

Sin sentido.

Sin razón.

Al final, King Kong
Era el bueno de la película.

Y, a partir, de ese momento,
La supervivencia se reduce al instinto,
Afilado, siempre,
Como una navaja.

Y ya ninguno puede dormir bien en lo que le queda de vida.

Como yo, que
Cautivo y desarmado,
No me queda más remedio,
Que arrastrar mi cuerpo maltrecho
Hasta la cocina
Para servirme una taza de café.

Mi mujer,
Al otro lado de la cama,
Sigue durmiendo plácidamente.

No se ha enterado de nada.

Debe ser normal,
Me digo a mi mismo.

¿Quién querría atacar a un ángel?